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En las reclamaciones derivadas del transporte internacional de fruta fresca y otros productos perecibles, una de las defensas más recurrentemente invocadas por compañías navieras y aseguradoras es el denominado “vicio inherente” de la mercancía, así como supuestos “problemas de calidad en origen”. Dichas compañías buscan sostener que los daños sufridos por la carga —y las consecuentes pérdidas económicas reclamadas por exportadores, consignatarios o asegurados— no derivan de un incumplimiento del contrato de transporte, sino de la propia naturaleza biológica y perecible del producto transportado.

En términos generales, el “vicio inherente” puede entenderse como aquel deterioro natural e inevitable derivado de las características esenciales de la mercancía, que existe o se desarrolla con independencia de la ejecución del transporte marítimo, y que viene a eximir de responsabilidad al transportista o negar cobertura de siniestros cuando estamos frente a un reclamo contra la aseguradora. Dentro de los ejemplos más comúnmente utilizados en este tipo de controversias destacan la senescencia del fruto, la degradación del tejido vascular o la pérdida de vida útil comercial asociada a tiempos excesivos de postcosecha, almacenamiento o tránsito internacional.

La relevancia práctica de esta defensa radica en que los daños reclamados en cargas perecibles suelen presentar múltiples causas potenciales. En productos como frutas frescas, vegetales o carga refrigerada, el deterioro puede obedecer tanto a fallas operacionales durante el transporte —como retrasos, problemas de ventilación, interrupciones en la cadena de frío o manejo inadecuado de contenedores reefer— como al simple transcurso del tiempo y al proceso natural de envejecimiento fisiológico del producto. Precisamente por esta complejidad técnica y probatoria, navieras y aseguradoras suelen sostener que los daños derivan exclusivamente de la naturaleza perecible de la mercancía, especialmente en itinerarios extensos o en operaciones donde existe un margen pequeño de tolerancia frente a retrasos.

En nuestra experiencia, uno de los principales obstáculos para obtener cobertura bajo una póliza de transporte o lograr un recupero exitoso contra las líneas navieras y coberturas contra aseguradoras, radica en aspectos eminentemente probatorios. En muchos casos, las reclamaciones fracasan no porque los daños no existan, sino porque no se logra acreditar adecuadamente el nexo causal entre el incumplimiento contractual y el deterioro de la carga. Por ello, resulta fundamental adoptar medidas preventivas desde origen, incluyendo controles de calidad, registros de temperatura, documentación de cosecha, reportes de inspección y demás antecedentes técnicos que permitan demostrar que la mercancía fue exportada en condiciones adecuadas.

Si bien el “inherent vice” constituye una defensa legítima en determinados escenarios y, en muchos casos, desplaza la carga de la prueba hacia el reclamante, su sola invocación no exime automáticamente de responsabilidad al transportista ni libera a las aseguradoras de otorgar cobertura. La determinación de si un daño corresponde efectivamente a un deterioro inherente de la mercancía o a una falla atribuible al transporte requiere necesariamente de un análisis técnico, legal y documental del caso concreto.

En un contexto de creciente complejidad logística y aumento de reclamaciones vinculadas al transporte de productos perecibles, resulta indispensable contar con asesoría especializada que permita anticipar riesgos, fortalecer la evidencia documental y estructurar adecuadamente las estrategias de recuperación y defensa.

En Araya & Cía. asesoramos a exportadores, asegurados y operadores logísticos en materias vinculadas al transporte internacional de mercancías, seguros de carga, reclamaciones marítimas y gestión integral de riesgos logísticos, contáctanos si tienes alguna duda al respecto.

Alonso Lavanderos V.

ASOCIADO

Abogado de Araya & Cía.